Cuando una persona por ejemplo va por primera vez a los parques de Disney solo recuerda los buenos momentos, como conocer a sus personajes favoritos, pasar tiempo con la familia, aunque en realidad se estuvo tropezando con personas, haciendo largas filas y teniendo que lidiar con niños eufórico. Con las experiencias, la memoria resalta solo lo mejor de las situaciones que se viven.
Nos aburrimos con mucha facilidad. Según los Psicólogos Gilovich y Van Boven, la capacidad de adaptarnos a cosas nuevas ocurre más rápido en los objetos que con las experiencias. Para demostrarlo, se les dio a 355 personas la opción de escoger entre una experiencia como escuchar una canción, un juego de cartas y un objeto como un porta-retrato. Luego se les hizo seguimiento de su nivel de satisfacción por algunos minutos, días, 1 semana y 2 semanas y encontraron que los participantes disfrutaron más escuchar una canción que tener un porta-retrato durante un lapso prolongado de tiempo.
Es más difícil comparar experiencias. Comparar vehículos es más sencillo que sopesar experiencias pues están sujetas a la subjetividad personal. Ésta teoría explica que si un individuo compra un televisor y un de sus compañero compra uno mejor, lo más probable es que esta persona sienta algún desánimo, pero si ocurre que ambos individuos fueron de vacaciones al mismo lugar y la experiencia del otro parece más emocionantes que la suya, el individuo no se va a desanimar tanto como con el TV, pues cada uno guarda recuerdos de sus vacaciones y no son comparables como un objeto.
La magia del eterno presente. El psicólogo, Mihaly Csikszentmihalyi, identifica por primera vez; la corriente que nunca se detiene o el presente como el momento en el que una persona se encuentra completamente inmerso y sin esfuerzo. Luego de un estudio realizado en los 80s se encontró que las persona que se concentran en el presente son mas felices, y lo que genera concentración profunda son las experiencias y no los objetos.
Es mejor esperar por una experiencia. Las experiencias gratifican más que los bienes materiales debido a que solo la expectativa de una experiencia venidera, genera felicidad mientras que esperar a comprar un bien material genera más estrés que bienestar.
Las experiencias hacen al hombre. Las personas tienen la tendencia a pensar que las experiencias contribuyen a la forma de ser de cada uno. Cuando Gilovich, realizó un experimento en donde la gente podía describir cómo había llegado a ser la persona que era escogiendo experiencias y objetos, los resultados arrojados que las personas asimilaron una experiencia a alguna característica positiva de su personalidad.
A las personas les encantan las personas. A las personas les gusta estar en contacto con los otros. Según Gilovich, las experiencias hacen a la gente más feliz porque los llevan a acercarse a los demás. Una de las razones de esto, es que las experiencias generan mejores conversaciones que los objetos materiales y esto se traducen en mayor interacción con otros por lo tanto más satisfacción para los que intervienen en la conversación.
Los psicólogos Van Boven, Gilovich y Margaret Campbell, probaron esta hipótesis cuando implementaron un experimento en donde a un grupo de participantes de citas rápidas, se les pidió que tuvieran conversaciones sobre los objetos que habían comprado recientemente, y a otro grupo que hablaran sobre las experiencias que había vivido recientemente. Los psicólogos encontraron que a las personas les gustaba más las conversaciones y las personas que hablaron de experiencias que las que establecieron conversaciones de objetos.
En conclusión los psicólogos comentan que al enfrentarse a una transacción, es mejor comprar experiencias pues a través de ellas se conoce mejor la persona que se es, se crean lazos más fuertes con los demás, y crece la satisfacción por la vida.