Gasto en los hogares colombianos crece con cautela y apuesta por lo no esencial

Tras dos años marcados por la contención, el 2025 se consolidó como el periodo de reajuste y recuperación moderada para el consumo en Colombia. Según el informe de cierre anual proporcionado por Raddar, los hogares colombianos retomaron la senda del crecimiento en su gasto real, registrando variaciones positivas que se estabilizaron en un 1,82% durante el cuarto trimestre del año pasado.

Esta recuperación fue especialmente evidente en las categorías no esenciales y de bienes postergables. Mientras que el gasto en alimentos para el hogar creció un 2,86%, sectores como la moda y el entretenimiento experimentaron repuntes más agresivos del 6,46% y 5,14%, respectivamente.

Este fenómeno sugiere que los consumidores han iniciado un nuevo ciclo de gasto, priorizando la renovación de bienes durables y semidurables que habían sido sacrificados durante la etapa de alta inflación previa.

En el ámbito laboral, el Gobierno fijó el salario mínimo de 2025 con un aumento del 23% respecto al año anterior. Al situar el salario base (sin subsidios) en aproximadamente 478 dólares, Colombia se posicionó con uno de los ingresos mínimos más altos de la región en términos cambiarios.

No obstante, este ajuste ha generado un intenso debate técnico sobre la inflación proyectada para el cierre de 2026, la cual se estima podría rondar el 6,3%.

En este contexto, el crédito de consumo actuó como el principal combustible de la demanda, representando el 25,6% de las fuentes de gasto de los hogares y superando los niveles de años previos.

Sin embargo, para los líderes del retail el panorama exige cautela: aunque el gasto total agregado es mayor, el gasto real por persona aún muestra un rezago frente a periodos anteriores, lo que indica que el volumen de compra individual sigue bajo presión. Además, el aumento en el servicio a la deuda, que alcanzó un 16,6%, ha comenzado a presionar los ingresos disponibles de las familias.

Geográficamente, el motor del crecimiento se ha desplazado de las capitales tradicionales hacia ciudades intermedias como Neiva, Montería y Cartagena. Estas regiones lideraron el incremento del gasto real con variaciones superiores al 3,5%, impulsadas por la producción cafetera, el auge del turismo y un crecimiento de precios más moderado en comparación con Bogotá o Bucaramanga.

Para las estrategias de expansión en 2026, estos mercados se perfilan como nichos de oportunidad crítica donde la confianza del consumidor es más sólida. El gran reto para el sector será mantener este dinamismo sin que el sobreendeudamiento frene la intención de compra a largo plazo.