Un nuevo player irrumpe en el tablero de la tecnología: DeepSeek, la herramienta de inteligencia artificial (IA) de origen chino que imita a algunas tecnologías como ChatGPT, que precisa para desarrollar su modelo chips menos potentes, menos inversiones y, además, es gratis para sus usuarios.
La empresa china de DeepSeek utiliza para desarrollar su modelo chips menos potentes, lo que pone en entredicho el modelo de negocio de, por ejemplo, Nvidia y cuestiona las enormes sumas que están desembolsando las tecnológicas en comprar sus semiconductores.
Precisamente Nvidia, fabricante de chips para IA, sintió en carne propia el desembarco de DeepSeek. El gigante tecnológico americano se hundió con pérdidas en su capitalización de alrededor de los 589.000 millones de dólares, la mayor pérdida de capitalización bursátil por parte de una empresa en un mismo día.
Los expertos advierten de que «se está redefiniendo el tablero» en el ámbito de las Big Tech, las grandes tecnológicas que han monopolizado las inversiones en tecnología de Wall Street. El selecto grupo que conforma las Big Tech lo integran Apple, Google, Meta, Microsoft, Amazon, Tesla y Nvidia.

Las Big Tech se han posicionado con sus soluciones para todos los ámbitos de la vida diaria.
La merma de valor de las Big Tech se basa en la amenaza que supone que una IA similar a sus grandes inventos se pueda conseguir por una fracción de sus gastos millonarios. Y en especial, afecta que se ponga en duda la supremacía tecnológica de EE UU.
Ecosistema tecnológico
Las Big Tech estadounidenses han alcanzado una posición dominante en el mercado gracias a su innovación y alcance global. Su influencia abarca múltiples sectores, desde la publicidad en línea hasta el desarrollo de software, hardware y ahora, en el desafiante mundo de la Inteligencia Artificial.
Apple es la marca más valiosa a nivel global con una capitalización de mercado de aproximadamente 2,9 billones de dólares, le sigue Microsoft, con 2,8 billones de dólares, luego aparece Google, cuya capitalización de mercado de aproximadamente 1,7 billones de dólares, Amazon ocupa el cuarto lugar con una capitalización de mercado de alrededor de 1,5 billones de dólares y cierra el Top 5 Nvidia con 1,2 billones.
El valor de mercado de estas empresas es astronómico, lo que les otorga un poder considerable en los mercados financieros y una influencia significativa en la toma de decisiones políticas. De hecho, los principales CEO de estas corporaciones como Elon Musk (Tesla), Sam Altman (Open AI), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Meta), Tim Cook (Apple), Sundar Pichai (Google), entre otros, ocuparon lugares de privilegio para la ceremonia del Día Inaugural de Donald Trump como presidente de EE UU.
Cisne negro
¿Pero cómo se ha movido el tablero de las Big Tech estadounidenses con la irrupción de DeepSeek? De momento, se desconoce el alcance real de DeepSeek. Si se trata de una tormenta invernal cuyas expectativas se han hinchado demasiado, o de un nuevo actor que ha llegado para quedarse.
Fundada en mayo de 2023 por Liang Wenfeng, a sus 40 años el jefe del hedge fund High-Flyer, DeepSeek desarrolla modelos de IA en código abierto, con la diferencia de que el coste de entrenarlos y desarrollarlos parece ser solo una fracción de lo que se requiere para los mejores productos de OpenAI o Meta.

DeepSeek enfrenta desafíos existenciales: escalar sin perder agilidad, resistir adquisiciones hostiles y navegar un mercado volátil.
Lo que sí son claras son las implicaciones geopolíticas. El diario El País, de Madrid, cita un informe del banco de inversiones estadounidense Jefferies: “Es probable que el surgimiento de modelos de capacitación más eficientes en China, que se han visto obligados a innovar debido a las limitaciones de suministro de chips, intensifique aún más la carrera por el dominio de la IA entre EE UU y China”.
En otras palabras, la amenaza de Trump con aranceles contra productos chinos ha sido respondido con el «simbronazo» de DeepSeek contra las tecnológicas estadounidenses, geopolítica pura.
La aparición de DeepSeek simboliza un giro en la era digital: las Big Tech ya no son invencibles. Su adaptación a este nuevo panorama definirá si mantienen su dominio o ceden espacio a un ecosistema más diverso y competitivo. Para la sociedad, esto podría traer mejores servicios, precios justos y tecnologías más éticas… o una nueva carrera descontrolada por el poder digital. La balanza aún está en el aire.
