Los jóvenes son impredecibles y desinhibidos. Están adentrados en el mundo de la inteligencia artificial, por lo que sus gustos se vuelven cada vez más caros, exigentes, desafiantes… Sus deseos se resumen en experiencias de compras únicas, prácticas, rápidas y personalizadas. La realidad es que atinar en sus necesidades es, justamente, el secreto de éxito en la próxima era de consumo.
Según un artículo reciente publicado en The Economist, la Unión Europea acuna a 125 millones de personas de entre 10 y 34 años, mientras que un tercio de la población de América pertenece a la generación Z y millennials (110 millones de personas). Solo en Estados Unidos, el gasto anual de estas dos generaciones alcanzó los 2.7 billones de dólares en 2021.
El punto de partida para comprender los patrones de consumo de los jóvenes es la realidad económica en la que han vivido. Por supuesto, un aspecto definitivo fue la pandemia de covid-19, que le dio un giro a la vida de todos, impactando drásticamente en la manera de comprar. De hecho, las generaciones jóvenes resultaron más afectadas que las demás y, ahora, aprovechan el repunte sin limitaciones.
La inquietud ante el futuro también es determinante, pues, de acuerdo con un estudio de la consultora McKinsey publicado el año pasado, una cuarta parte de la generación Z no estaba segura de poder jubilarse y menos de la mitad creía que alguna vez tendría una casa propia. En consecuencia, este patrón de creencia puede incidir en su “gasto impulsivo” actual, así lo refiere el influyente portal de economía mundial.
«Los millennials estadounidenses (nacidos entre 1980 y fines de la década de 1990) y la generación Z (1997-2012) han acumulado menos riqueza que la generación X (1965-1981) o los boomers (1946-1964) a la misma edad», precisa McKinsey.
La expectativa de comprar sin contratiempos marca la pauta en los hábitos de shopping. Para los jóvenes, el ecommerce es mucho más rápido y fácil que ir a tiendas físicas. Ante esto, las redes sociales son claves para el reconocimiento de los negocios que compiten para captar la atención de potenciales clientes que pasan horas cada día utilizando sus teléfonos inteligentes.
Instagram y TikTok, por ejemplo, son canales de inspiración donde los jóvenes se atraen por las marcas elegantes, buscando productos que priorizan la apariencia, “como la moda, la belleza y la ropa deportiva”, apunta The Economist. Una prueba de ello es que la generación Z solo quiere tener IPhone para ganar prestigio social y no ser juzgados por usar móviles Android, advirtió el portal La Vanguardia hace unos días.

Los jóvenes tienen gastos impulsivos y prefieren el ecommerce, en lugar de la tienda física.
Los videos publicados por los tiktokers pueden impulsar a las pequeñas marcas rápidamente, si logran volverse virales. Estas plataformas agregan cada vez más funcionalidades que permiten comprar sin abandonar la aplicación. McKinsey indica que, en 2021, seis de cada diez estadounidenses menores de 25 años habían completado una compra en un sitio de redes sociales. Incluso, “algunos están siguiendo el modelo chino de “comercio social”, mezclando entretenimiento en vivo con la tienda casual”, añade el portal económico.
Sin embargo, hasta ahora, los jóvenes occidentales prefieren comprar fuera de las redes sociales y, con frecuencia, cazan ofertas en sitios como Amazon.
Este universo digital, sin dudas, tiene la ventaja de acortar los tiempos de entrega y cumplir con la demanda de inmediatez. Un estudio desarrollado por Salesforce, un gigante del software empresarial, reveló que los estadounidenses de la generación Z aspiran a que les despachen sus compras en una hora y tienden a pagarlas por sus dispositivos móviles.
Los consumidores ahora tienen la oportunidad de obtener más información sobre la empresa en la que compran, tanto que siete de cada diez jóvenes de la generación Z en seis países verifican las afirmaciones o promesas de los anuncios.
De acuerdo con la investigación de McKinsey de octubre de 2022, nueve de cada diez europeos de la generación Z y millennial cambiaron la forma en que compraban, dónde lo hacían o las marcas que compraban en los tres meses anteriores.
No obstante, las tiendas físicas no se evitan por completo, siempre y cuando la experiencia sea personalizada e integre los mundos virtual y físico. La marca Nike es un ejemplo interesante de éxito, pues les permite a los jóvenes diseñar sus tenis en su tienda web, los invita a una clase de baile en su sede física, donde recogen su pedido. Además, los anima a etiquetarlos en sus redes sociales.
